14 de noviembre de 2024
Los juicios como catalizadores de la reconciliación

Cuando Jesús comenzó a hablarme, me mostró cómo cultivar una relación diaria con Dios reconociendo mis juicios y llevándolos a Él.
Me mostró cómo mis juicios sobre el mundo o sobre otras personas funcionan como un catalizador de autoconocimiento. Se convierten en flechas que apuntan hacia adentro y me muestran dónde estoy limitada.
Él me invita a prestar atención a los juicios intensos que se quedan dando vueltas en mi cabeza durante horas y días: esos que me llevan a ponerme en el lugar de quien tiene la razón o es mejor que los demás, mientras dejo a otra persona en el lugar de quien está equivocada o es "menos".
Jesús me ha enseñado a darme cuenta de las cosas o las personas que juzgo y a reflexionar sobre cómo yo también podría estar manifestando comportamientos parecidos dentro de mí. Él me invita a preguntarme: "¿De qué manera yo también estoy haciendo aquello por lo que los estoy juzgando?".
Siempre me asombra lo que descubro con este ejercicio. Aunque mi experiencia pueda ser distinta a la de otra persona, muchas veces encuentro el mismo patrón manifestándose de otra forma o en otro lugar. Cada vez, darme cuenta de esto me lleva a la humildad y contribuye a mi proceso de sanidad.
El poder está en mi capacidad de convertirme en el cambio que deseo ver. Tengo que preguntarme: ¿qué se me está invitando a hacer de manera diferente? Cuando juzgo a alguien por no dar un paso hacia Dios, reconozco que mi propio camino hacia Dios también puede estar obstaculizado, y doy ese siguiente paso yo misma. Al recorrer este ciclo de juicio, conciencia y acción, me transformo en el cambio que creo que los demás necesitan hacer. Este proceso me permite colaborar con Dios al enfrentar mis limitaciones.
La meta no es eliminar el juicio, sino identificar la "viga" en mi propio ojo y trabajarla con el poder de Cristo. Esa es la verdadera invitación.
Todo juicio encierra un poder oculto. Cada juicio deja al descubierto algo dentro de mí: una oportunidad para sanar o transformar algún aspecto de la manera en que intento tener el control. Este concepto se relaciona con la "viga en tu ojo" de la que habla Jesús en Mateo 7:1-6.
De manera misteriosa —y, gracias a Dios—, Jesús me ha enseñado que el verdadero propósito de nuestros juicios es iluminar los aspectos quebrantados de mi mundo interior y abrazar mi quebranto en el amor de Cristo. Cuando mi quebranto se encuentra con el amor, soy renovada y mis acciones toman un nuevo rumbo.
Ahora procuro identificar dónde estoy juzgando. Es como una búsqueda diaria de huevos de Pascua. Seguir el ciclo de juicio, conciencia y acción enriquece mi camino espiritual, porque me ofrece integración y crecimiento cada día. Siempre habrá aspectos en mí que necesiten el amor y la guía Divinos.
Si estás lista o listo para profundizar en tu camino espiritual, reflexiona sobre a quién y qué estás juzgando hoy. Explora el quebranto que hay dentro de ti. Es increíble cómo Dios usa aquello a lo que nos resistimos como la llave para nuestro crecimiento y nuestra sanidad Divinos.
Rise (In) Shine
Living (In) The Word

Mateo 7:1-6 — No juzgar a los demás
1 "No juzguen, para que ustedes tampoco sean juzgados. 2 Porque de la misma manera que juzguen a los demás, serán juzgados, y con la medida que usen, se les medirá a ustedes.
3 "¿Por qué te fijas en la astilla que está en el ojo de tu hermano y no prestas atención a la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: 'Déjame sacarte la astilla del ojo', cuando todo el tiempo hay una viga en tu propio ojo? 5 ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano.
6 "No den a los perros lo que es sagrado, ni echen sus perlas a los cerdos. Si lo hacen, puede que las pisoteen y luego se vuelvan contra ustedes y los despedacen.
La canción de hoy

God's Not Done With You — Tauren Wells
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Sleep (In) Peace
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